por Luciano García
u otros

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(Adentración)




Ponencias de filosofía obtusa, forra; boluda: obvia. Monerías en la ventana maniera de una mónada punzada de uso público, garita lampazada de lavandina en los mingitorios del parque Independencia, quiosco cartesiano en un tragaluz de un antro platónico de perdición, subsuelo flagrante de cielo prometido.




No somos sólo un propósito; somos, en el origen, un campo de acción donde se encuentran en choque y rozamiento y en fusión una variedad de propósitos. El instante redentorio en que la nada contiene al nombre propio -propuesto en otros tonos por el antiguo Jean-Paul Sartre bajo una cuestión del tipo qué hacer con lo que han hecho de nosotros-, es, desde la atalaya sumergible de nuestro perspectivismo a duras penas apocalíptico, el gran despropósito del inicio. Ante el propósito pospuesto, facto de tauma (luego cogito, luego trauma: cogito-trauma) como voluntariamente, topamos, pero voluntariamente (dicho con y sin ironía) con el despropósito. Al efecto de propinarlo a los otros para sí. El para sí, a ciencia cierta, parásito de sí para el otro del otro a ante cabe con y todas las preposiciones el otro del otro y el otro de éste en si erra, yerra nada: no se equivoca, duda.


Sé en sí: erra. La falta de otro, grafía.
Origen moderno de la escritura: traspiés algebraico: en el cuarto el tercero excluido. Primero la lógica, después la gramática.

Políticas del patafísico o el porvenir de la filosofía





De aviadores y enfermeros




Un pensador argentino instaló la dicotomía[1] que se enuncia así: aviadores y enfermeros.

De chiquito – dijo – fui aviador; pero ahora soy un enfermero.[2]
La originalidad de la filosofía, su estado larvado –en la era de la sofística, del platonismo inverso-, es el platonismo puro, o: ¿cómo comienza un filósofo sin ser platonista? Sin la ruptura con la apariencia. Sin el antro-phos. Sin el ascensor. Es el instante del génesis filosófico que la vergüenza de los nischeanos sonsaca.
El aviador es el platonista moderno. Deleuze supo enseñar que el platonista es el hombre de las alturas. Y ensambló el “teatro filosófico” (la conversión que hizo Nietzsche de Diógenes Laercio en profundidad esquizosófica) a la “clínica universal”. Y explicó, contra la crítica clínica del protofroidismo de retaguardia, cómo el escritor o el artista, suicidado por la sociedad pero sociedado por la suicidad, es no solamente un enfermo de sociedad sino un médico de sociedad (y como tercero incluido, además, simplemente un perverso). El filósofo –es la figura que siempre empleaba Platón– era conductor de nave y médico. Pero la figura del enfermero, debida a un sabio del rocanrol y el desastre autóctonos, es más inquietante. Da la sensación ambivalente y enrarecida de que cura y enferma indiscriminadamente.




 Πάν metafísica y circo



Pan no, metafísica y circo. O un pan de metafísica y circo. El hombre no sólo vive de pan sino de metafísica pronunció Francisco Romero un día. Con animaladas y bufonerías el “teatro platoniano” que es la filosofía como relato al decir de Michel Foucault puede evidenciarse mejor como circo. Un “circo metafísico” asignaba Miguel Morey cuando prologaba para el lector castizo esa “novela sicoanalítica y lógica” llamada Logique du Sens de Gilles Deleuze. Pero ese circo es ahora demasiado serio, burocrático y universitario, y hay que llevar la gravedad de lo bajo a la llaneza de lo grave, a la gravedad mísera y pícara de la llanura de los chistes. “Circo y filosofía”. Lo dijo Gombrowicz, autor de una grosera y ubérrima novela que retrata – en la experiencia de quien suscribe – de la manera más eficaz ese estado niño del saber y ese estado circence de la institución escolar, de la Academia, del escenario platónico. El grotesco – se ha dicho – es la vuelta a esa antelación del comienzo de la huída ascendente que se llama platonismo, es su engrutecimiento, su regreso a la gruta. Pero la perspectiva circence no hace sino parodiar sus parodias y figurar su vivencia grutesca, grotesca. Circo y filosofía propuso Gombrowicz.




Políticas del patafísico o el porvernir de la filosofía




¿Adónde venimos? ¿De dónde vamos? Son las preguntras a las que intrentra contrestrar aquel filósofo que, bajo el ala de un saldo dejado por los Nietzsche, los Wittgenstein, o los Heidegger, se ha visto intimidado a evadir los cerrojos de la gramática, de esa gran conductora de la realidad, y ha caído en la gracia o la desdicha de la patafísica, de ese “más allá del más allá”, o sea, más allá de la metafísica. La Universidad brinda otra senda, ofrece la salida – laboral - de una metafilosofía, una escolástica comentarista metametafísica. Pero el posfilósofo patafísico tiene otros gustos, y otras labores. El poder es ubuesco y tiene sus Ubúes, todos doctorados, doctores en patafísica, como aquella marioneta panzona. El hermeneuta patafísico tiene, a más de un objetro proprio, proprios métrodos. Lee, como enseñó un profesor afrofrancés, lo ilegible (a Sócrates ejemplo), y sostiene un sistema bibliográfico de citación basado por ejemplo – como musitó un sofista angloparlante de Palermo - en las atribuciones erróneas (Yupanqui por Machado), o construye asociaciones sintagmáticas paradojales para violentar el sentido (el Ave Félix…) y demás procedimientos de evidente vanguardia rupturista.

En la cabeza de un filósofo patafísico hay gato encerrado.






[1] Sintagma hurtado a una profesora de la U.N.R. (con cariño, ¡che!)

[2] Ya se dijo, mi héroe es la gran bestia pop…

Araca Lakan't


(Sainete filosófico en un acto en el acto)




El cogito está en las grietas, y acecha.



Tanto anticantismo – dice un filósofo con muñeca – y al final terminan llorando por “una nueva Crítica de la Razón Pura”. Al cogito lo espantás y siempre regresa, contesta el verdulero. La “ética del deseo” – argolla, digo arguye -¿qué es? ¿El salvajismo o una contradicción campante? “Obra de tal modo que tu acto esté conforme a tu deseo” ¿Pero quién lo dice? Y ¿quién nombra tu deseo? ¿Quién lo impone? Perón contesta la muñeca del filósofo, novia de Chucky y Geniomalvada del Mismo Investigador Infantil, Perón sin deudas….Perón. No nos desviemos del plano meramente teórico – retruca el filósofo – aunque teórico sea, infantoteórico, don’t worry. ¿De qué sirvió – un vecino de la intersubjetividad del entretexto interpela al Autor – cuidarte tanto de la tos, no comer más de lo que el médico indicó, si al final, terminás engrasando los égidos del new-cogito? Tanto jugar al todo mezclado-todo mezcludo y al final…¿eh? Era per codere che, tampoco es para tomarlo así, se ataja el filósofo en estado de pispireta navegando la entrelínea de una cachucha trágica. “¡Algo ¡ay! que a-ser!”
Los vientos alicios obligan al filósofo a no abstenerse de…seguir, seguir seguir. ¡Elco gito! ¡Elco gito! ¡Elco gito! se escucha el lejano grito de una multitud dedicada a la contemplación…del cach (assKantcash): televidentes del cachar flogistos con el cogito en la mano, o(h) desfachatext. Mirá nena neurótica – le dicta su mala conciencia, amigo fiel, a aquel teórico, sexual, e infantil, barrabrava con chufas - ¡mirá lo que te digo! ¡mirá lo que te digo! El Autor os ha citado aquí para haceros no creer que tiene algo que decir y nuevo, de nuevo…mirá lo que te… Posfroidianos, posesctructuralistas y en fin…siempre terminarán volviendo en algún momento al cogito y al sujeto cantiano. Lacan, Foucault, Deleuze, y todos los muchachos. Pensar contra uno mismo, autoabusarse, es un careo con el Duendecillo Malo.

Los Demás del Diablo, no-filósofos.



Moralejas:




La Filosofía no es un Poder. El Discurso Analítico es el Reverso del Discurso del Amo. En teoría, todo es tan lindo.

El discurso anal-lítico, es el impenetrable, el Amo en tanto dicente de un “acá no me van a coger”

La Universidad es su propia Histérica. Todo ya.

Ojo con los Defensores de la Causa del Deseo me hijo Mi-Padra. Ojo al piojo pollo.

¿Quién paga? ¿Quién paga el asistencialismo al cogito?



FINES DE LA DIALÉCTICA

Cayó un cometa sobre la tierra,
 o sea estalló la Revolución.
Con el objeto de desear decidí,
pues, sentarme. Y a ver qué pasa.




El imperativo categórico analítico es la reversión del imperativo del perverso; es el imperativo del perverso pero como heterónomo.

El filósofo es la analista. O sea, allí donde las lelas cruzan - la piernas – de las paralelas de poder-saber. El Filósofo es el Analista-Histérica.

La filosofía es un contrapoder y un contrasaber con la inclinación infalible de volverse contra sí misma.

En cualquier momento el Filósofo se vuelve Profesor, el Analista Amo, y tous contra tous, omnia in omnes…todo mezclado, todo mezcludo. Dejad que el confundido se divierta con su confusión. Apiadaos de un hombre feliz.
O al menos, apiadaos de un hombre.

- ¡Corte!



Una sarmientita y un macedoniano: encontronazo. Pero sin parte delantera.


La polla de Babelonia.


El escritor, un sócrates sin otro, se dedica a conocerlo.


Tributo a Narosky.



…Un filósofo cualquiera.

Un filosofo cualquiera

“¡¡¡CAMBIEN DE MAIL QUE LLEGÓ EL IDIOTA!!!”


(Sobre las sobras de la filosofía de Otro)

miguitas a Seba Vega,
que reclama que escriba mal



Soy un humorista de la filosofía, pero lo soy porque la detento y la uso en honor a mis humores. A mis humores de facto y de turno. Y cuanto más climáticos esos humores, mejor.

Escribo para ser otro del que soy, miserables y estimados lectores. Y juro que no sé quién soy, nunca nunca sabré quién soy, por más que intente leerlo en la cara de los otros. No sé quién soy pero estoy seguro de que éste no. Juro.

Pienso, luego escribo. Me piensan: soy.

Para falar (d)el goce y gozar (d)el falo en este mundotexto falogocentripetófugo (tecnoontoteocracia como le llama Laiseca, y antitecnontoteocracia a la vez) propongo un microesquizofascismo encargado.

Mantendremos, por seguir a nuestro Wagner Charly García –mi héroe, si alguna duda cabe, es la gran bestia pop- , el concepto de “filosofía barata” como un término medio entre el sofista (caro) y el metafísico (gratis). Operamos gratuitamente, pero pagamos por ello.

Quedarse sin crédito, tales las cosas, es un hecho sumamente frecuente en la vida permanente del Hombre-Celular de hoy. No poder llamar. Y para el conferencista emparedado, para el hombre que le habla a su pantalla como si fuera otra persona, lo es por igual. Así es de doble el solipsismo trágico del escritor filosófico cuyo hábitat es esta era doble de la sospecha y de las telecomunicaciones. La inminencia de quedarse sin crédito acecha en toda esquina, previsible y súbita.

Cómo ser nischeano es un problema, es todo un problema. Para los pocos lectores de Nietzsche que quedan, para los pocos que hacen algo de carne ética con lo que leen. El mundo, me dice un enemigo, está lleno de nischeanos de la boca para afuera de un lado, y de nischeanos de la boca para adentro de otro.

Los filósofos siempre deforman todo. Se le llama la muerte de Dios a la extinción de la aristocracia, a la usurpación y destrucción de una cultura, al nuevo – ya no tan nuevo, va llevando un siglo quizá – dominio omnímodo de la plebe capitalizada, a la alianza – posindustrial dicen los que ¿saben? – de, no el capital y el trabajo, como soñaron las buenas almas, sino de la plebe y el capital, la pampublicidad de lo bajo, la tranza universal de la plebe pobre y la plebe enriquecida llamada capital financiero transnacional. Dios sigue, es berreta, y careta.

Pensar- podríamos contrariar a Heidegger en este momento- es ser un desagradecido. Y la crítica (Blanchot exagerado) es el verbo del odio.

La literatura contemporánea es un culto de lo obtuso. Se regodea con lo obtuso (el “sentido obtuso”). Y – cuando la gracia y la suerte acometen – perpetra, por la vía de lo obtuso, una ascesis. La filosofía en cambio vive de la familiaridad con lo obvio. Tramita el pase de la obviedad del mundo sensible a la obviedad del mundo de las ideas. El colectivero que conduce en ese itinerario es el profesor. El filósofo-estrella, el vedetista, tiene por propósito – fugazmente posible en el mejor de los casos – perforar y acribillar momentáneamente las obviedades, de uno y otro mundo. La literatura por la vía de lo obtuso lleva de la vida ordinaria de lo obvio a lo extraordinario de un inefable, también fugaz en general.

Quizá ya hace mucho tiempo que la filosofía no enseña a morir, que no es como quería el Sócrates platoniano o el Platón socrático, una preparación para la muerte. Más frecuente es que sea un asalto a las fuerzas de la vida, lo contrario. Para aprender a morir se precisa algo más concreto, inmediato, porque la muerte es un instante, y su propedéutica un curso acelerado a distancia. Se precisa de la medicina, en todo caso, y la farmacopea. En las sociedades de exclusión, como le llaman a ésta, en las que muchísimos para una u otra cosa sobran y un grupo, bien que disminuido, sobra desde todo punto de vista, la asistencia positiva al suicida convicto debería ser una razón de Estado.

Es claro - sobre el desastre de saber, sobre los desastres del saber -que los Faustos filósofos de hoy o los filósofos fáusticos, no serán más que personajes de farsas o grotescos, sabios locos devenidos payasos de colectivo, subjetividades textuales cómicas. Los grandes Faustos actuales son biotecnólogos. Un filósofo puede deparar el desastre en la sique y el soma de un manojo de discípulos o lectores; pero un obrero calificado del estado biotecnológico, o de la empresa transnacional biotecnológica, lo podrá lograr corporativa y cuasigubernamentalmente, y sobre masas enormes de siques y cuerpos.

¿Con qué linterna se busca a los “anarcodeseantes”? Siempre me he creído Napoleón – soy un loco con retraso bibliográfico- (subdesarrollo mental-historiográfico) y mi tremendamente emperatriz es el orto del arte de mi locura. Sobre todo cuando anda con calzas de lycra.…¿El “deseo”?...es anarcofascista. ¡Oh esas pequeñas molaridades! Esas diminutas molaridades, atomizadas por todas partes…No me parece tanto ese “deseo de Ley” que canta el cantajismo macanista, sino, según me dicta mi experiencia en bibliotecas, internetes, canchas de fulbo, discos, claustros, navajazos de esquina con villeros, paseo esquizo-gondoleño por supermercados, o mi amicitia con petit-esquizos de barrio no internados por portación de padre piadoso y pequeñoburgués, deseo de norma – ol-fachón (allfachón) - a la vez que un deseo anarconeuroticón de violarlas y otro esquizoón que las ignora repele o desmorona. Y todo como en botica. Una cosa es profesar la anarcodeseancia como una especie de imperativo cantiano y otra creerlo como la facticidad de una práctica obsesivamente exhaustiva y abierta las 24 horas. Eso sí que es “Deleuze para principiantes”…

Una nueva figura común: la de un neojipi: el jipi reaccionario, fácil de encontrar en el rebaño de la estudiantina universitaria de los días que corren. Muy sauvage, muy loco, en vocabulario gestitos y vestuario, pero riguroso silente en cumplir con las oblicuas u oraculares demandas de la deidad “Mercado” o de las normaciones curriculares de las academias. Obedece sin que nadie se de cuenta mientras te forrea porque te cortaste el pelo así, o usás esta palabra asá. Milita una ética Club del Clan pero new age y de extrema izquierda. Es un irracionalista gestual de free time hasta que le toca el ejercicio de su profesión. Ahí no le toqués su institución porque llama a vigilancia. Camina a lo Charly García pero diagnostica a lo José Ingenieros. Aunque me odia, yo lo detesto. Somos amigos, hermanos. ¿Soy yo?

De pronto los cínicos se visten de licenciados seriorrigurosos y salen a hablar de las Madres de Plaza de Mayo. La democracia, el microfayismo de la opinión permanente. Y el fascismo sin facha, clan destino.

El radicalismo y el patos, o sea la privacidad de la filosofía, a juzgar por Rorty, lo opuesto al pragmatismo, también a juzgar por él. Filósofos del corazón: Rousseau cambiando el libro por el corazón de los hombres, Pascal con sus razones cardíacas…

El que no haya leído nunca con fruición y empatía Ferdydurke jamás comprenderá lo que es la Universidad. Esa es la hipótesis de trabajo. ¡Eso sí que es “el re verso del saber”!

Una de mis empresas juveniles fue fabricar muñequitos de Descartes de vidrio, para usar de florero, figuritas de filósofos, demás…



2005
 

Del inoportunismo como política



Los -levemente- presentes recordarán a uno que hacía de malo en los textos marxistas, a un personaje de la época en que se publicaban con éxito editorial textos marxistas a rolete, y me refiero al •”oportunista”, figura de reparto pero significativa de las piezas de teatro del propio Marx. Hay que decir que, basicamente, el oportunista es el político per se, el político con política, el político sin metafísica, el político señeramente cairológico, diantre a combatir en el universo engañoso de la semiubicua alienación. 

Lo que hay que imaginar, en cambio, aquí propondremos, es la posibilidad de emergencia en un ágora cualquiera de otro personaje más bien al revés que se llamará entonces el inoportunista, y que puede venir, pienso, con o sin metafísica. Para el caso, da lo mismo. Un precedente de tal sujeto bocetado que registra la historia podría ser el pelado Sócrates, que según el albur platoniano, que según la propaganda de los folletos de Platón, vendría con metafísica incluida, ¡y qué metafísica! Ante todo aguafiestas, saboteador, el tábano de la ironía, pero al final moralista y santurrón, el primer, Platón Platón, gran conductor; pero hacia el mundo remoto de la Idea, al que uno llega sólo si sabe que estar vivo es vivir preparándose para estar muerto.

La tradición del “confusionismo deliberado” del más socrático de los socráticos nativos, el señor Fernández Macedonio, doctor, sintacta o gimnasta de la sintaxis inventor del barroco irigoyenista, según mienten algunos, podría ser un manual preciado para el inoportunista que queremos criar.

Débese entender la intervención como interferencia, intervenir como interferir, para poder propiciar esta política negacional del inoportunismo. Y a ese léxico, a no dudarlo, se deberán sumar neologismos de una eficacia ya harto comprobada, como “nesario” por “necesario” y otros tantos quizá menos filosóficos y por eso más inoportunos todavía. La atribución errónea, maniobra de prosapia borgeana, como se sabe, la lectura de Sócrates verbigratia, habrán de ser recursos insoslayables y a la orden del día en cuanto tanto fueren renovados con esta astuta pericia que sabremos conseguir como maquiavelistas no obstante simpáticos, con sempiterna risa a lo gobernador bonaerense.

Una pragmática y una semiótica del fursio serán pequeñas disciplinas de urgente confección y aprovechamiento que configurarán a la corta o larga nuestro acervo de oquedades de uso hebdomadario. Se hará del lapsus provocado un instituto de rigurosa eficacia, en procura en todo caso de hacer, como dirá nuestro líder, “del lenguaje un inconciente”, entendiendo que el eterno retorno de lo nimio será nuestra mochila de cosméticos, y el vocablo “nimio”, precisamente, saldrá de nuestras bocas como adjetivo comodín hasta encontrarle su inmediato equivalente en el inmediato lunfardo que gestaremos de nuestras lenguas urgidas y hurgadas, y de éste haremos acto continuo su caló y del tal su germanía presta. Y brindar por la salú de Heidegger, destacado wing izquierdo.

El acto político es un happening; esto estará comprobado. La barricada una instalación en las instalaciones del mitin. El piquete gramático será remunerado con aguinaldo incluso, palos de violencia silenciosa, o en todo caso no, en la ventana de cualquier repentina enunciación. Será nesaria la declamación portentosa de los abruptos hitos decalogados de nuestro sicopatológico manual de habladuría cotidiana. La laguna un ready-made. El boicot, además, es una ceremonia, y debe gozar de sus santos y efemérides. El lobby es un acto de amor y puede ser codificado para pedir la mano, en caso de tener que amputarlas, como es costumbre, a cualquier cualquiera que hiciera de presidente siempre y cuando deviniere previamente difuntado, occisado ora por una ordenanza natural ora por el desgaste de una célula política.
Ya es sabido que un posible más allá del platonismo invertido se lograría con la práctica repetida de la táctica “Chapulín Colorado” que es menos que surrealizar el silogismo alterar las premisas de los refranes que, habida cuenta de que la memoria es una invención, serán permanentemente recreados por payadores escribientes que chatearán las veinticuatro horas por telefonía celular G.S.M. con nuestro personal altamente capacitado en el arte de lo posible no podido ley basal de nuestro patrocinio del microemprendimiento de la disrupción comunicante. Hacer patria así, filosóficamente.

Por un pensamiento-devil



La filosofía argentina no ha sido mucho más que una secta de germanistas. El filósofo argentino cultor de esta secta ama su germanismo y a los filósofos alemanes; pero no se les parece en nada, y hace todo lo posible para ello. Permuta el genio y el talento, por los cuales aquellos eximios oportunistas, se beneficiaron de renombre ecuménico, por la simple destreza de leerlos en su lengua de corrido.

Desde la fundación de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, hasta el día de ayer, ese es el gran filósofo nacional de prestigio de claustro. Un hombre con nervios de hierro y un aparato digestivo privilegiado y en alemán.



La idea de acabar:


Me cago en Hegel (manifiesto)




Por un pensamiento-devil.



Por un pensamiento de vil.





Estilo y entropía, y el resto: pajas, doxas.

La filosofía que el pueblo se merece

(Transformando a la realidad y combatiendo al capital)





No sólo de pan vive el hambre ni de metafísica el hombre.

No sólo de metafísica vive el hombre ni el hombre filósofo.




Aberraciones filosóficas, o sea, no obstante legibles, no obstante soportables. Periodismo íntimo de la filosofía en la subjetividad de un sujeto acaso anómalo, pero cualquiera. Predilección por el desastre.

(Y su impostura.)




Un hombre sin mujer se había vuelto infinito.




Transformando a la realidad y combatiendo al capital:




Nada se parece más a nosotros que un burgués asustado y un peronista asustándolo.


Es un platón que se come froid.




Querellas y declaraciones de un pene anónimo: Formas aberrantes de filosofía soportable.



Vuelve alto, porque arriba, no está la verdad…




La filosofía que el pueblo se merece.



(Filosofía: preparación denodada para la vejez. Propedéutica precoz de una terapéutica de la presenilidad.)